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IPCE, La arquitectura brutalista: fascinante pero distante

Junio, 2026


"La diferencia entre un edificio que admiramos y uno que sentimos propio"

Hace unos días tuve la oportunidad de visitar el IPCE (Instituto del Patrimonio Cultural de España), conocido como “La corona de espinas” en Madrid, en un recorrido organizado por Mapout Guides


Es un edificio que ya desde distintos puntos de Madrid se hace notar. Y al acercarse, su estructura intimida y se vuelve aún más impactante por su escala monumental. Con su forma circular y su particular arquitectura de erizo, la experiencia comienza antes de cruzar la puerta.


El uso del hormigón visto y la vegetación presente en todas sus plantas, junto a su interesante retícula simétrica, lo convierten en una obra icónica de la arquitectura española contemporánea.

Un edificio de ESTILO BRUTALISTA, pero BRUTALISTA BIOFÍLICO.


Diseñado por los arquitectos Fernando Higueras y Antonio Miró en 1965. Hoy en dia su principal misión es que se realizan trabajos para  la conservación y la restauración del patrimonio español. Monumentos y Arqueología, Bienes Muebles y Documentación e Investigación Obras de Arte.



Durante el recorrido hubo 4  aspectos del edificio que me parecen interesantes de destacar:
Claridad de su organización: Una vez identificada la entrada, resulta relativamente sencillo orientarse en su interior. Hay una lógica espacial que ayuda a comprender el edificio y a moverse por él.

El patron:La estructura diseñado para el cielo se repite en el suelo, las celosías y los recorridos, generando una fuerte coherencia espacial


Flexibilidad de uso: Diseñado como una “capa española” en vez de ser un vestido a medida es una capa que puede servir para albergar distintos  usos a lo largo del tiempo.

Biblioteca:Uno de mis espacios favoritos. Es publica donde se puede pedir hora para investigar siempre con una regla, el libro que se usa se deja luego en la mesa de alfrente. Porque, como dicen ahí, “libro mal guardado, libro perdido”.

Y para terminar una reflexión.
Siempre me quedo con sentimientos encontrados frente a la arquitectura brutalista.

Por una parte, valoro la honestidad de sus materiales, la manera en que muestra cómo está hecha y su capacidad para construir espacios memorables a través de la estructura. En especial en este edificio, impresionándome la forma en que la luz se convierte en parte fundamental de la experiencia.



Pero, al mismo tiempo, siento que la escala se vuelve demasiado monumental.
Son grandes edificios, que logran imponerse desde lejos y que a veces me hacen sentir que fueron pensados más para ser admirados.

Me falta esa escala más humana.
Más cotidiana. 
Más cercana

Esa parte donde la arquitectura deja de impresionar y comienza a contener.
La diferencia entre el monumento y el refugio.
La manera en que el edificio logra introducir luz natural en prácticamente todas sus plantas, teniendo incluso un "hospital de orquídeas", donde las flores revivían gracias a la luz natural, transforma completamente la experiencia espacial.



Salí pensando que, incluso en las arquitecturas más monumentales, son muchas veces la luz, la vegetación y los pequeños gestos los que terminan acercando los edificios a las personas. 

Quizás ahí está la diferencia entre admirar un edificio y querer quedarse en él.



Escrito por

 Macarena Sáenz